
Según un informe realizado por BC Blog, el 95% de los hinchas de Racing admiten haber pasado un domingo placentero y sin preocupaciones en un shopping o mirando a Los Pumas, pero aún asi piensan estar presentes "como unos pelotudos" en el partido ante Argentinos.
Como Pedro Beltrán, casado, de 58 años que admite que entre hipos y puteadas aceptó acompañar a su esposa a un shopping de la zona de Palermo y que según su relato culminó el día más agotado que habiendo ido a pié a Luján. "Por momentos pensaba lo insulso que es un domingo sin fútbol -sostuvo- pero después me venían a la mente apellidos como Cabrera o Salcedo que me causaban escalofríos".
Distinto fué el caso de Martín Acuña, de 35 años y vecino del barrio de Devoto: "estaba tan desesperado por ver a Racing que el domingo puse a los Pumas en ESPN y me roté 90º en el sillón para que la camiseta sea la misma. Bastía jugó una barbaridad, pero lástima que no alcanzó: Ferro nos pegó un peludo de novela. El que no puede jugar más es el hijo de puta de Cabrera, que es un muerto" confesó.
Finalmente, sorprenden casos como el de Fernando, acaudalado empresario, que asegura haber pasado un domingo calmo y sin sobresaltos aferrado al sillón de su oficina céntrica del que admite que nadie lo sacará por nada del mundo.
Como Pedro Beltrán, casado, de 58 años que admite que entre hipos y puteadas aceptó acompañar a su esposa a un shopping de la zona de Palermo y que según su relato culminó el día más agotado que habiendo ido a pié a Luján. "Por momentos pensaba lo insulso que es un domingo sin fútbol -sostuvo- pero después me venían a la mente apellidos como Cabrera o Salcedo que me causaban escalofríos".
Distinto fué el caso de Martín Acuña, de 35 años y vecino del barrio de Devoto: "estaba tan desesperado por ver a Racing que el domingo puse a los Pumas en ESPN y me roté 90º en el sillón para que la camiseta sea la misma. Bastía jugó una barbaridad, pero lástima que no alcanzó: Ferro nos pegó un peludo de novela. El que no puede jugar más es el hijo de puta de Cabrera, que es un muerto" confesó.
Finalmente, sorprenden casos como el de Fernando, acaudalado empresario, que asegura haber pasado un domingo calmo y sin sobresaltos aferrado al sillón de su oficina céntrica del que admite que nadie lo sacará por nada del mundo.












































